Hay combinaciones pésimas, que no se justifican ni aún a guisa de experimento: peta zetas y coca cola, mayonesa y mermelada, rock y reggaeton… Sin embargo, la gente continúa experimentando a costa de uno, el miserable y a estas alturas menospreciado ciudadano de a pie, que no tiene más tribuna que el bar (el último reducto irreductible…) para dar a conocer sus escuálidas y vapuleadas opiniones.
Me solazo en mi posibilidad, entonces, de denunciar una combinación que ha contaminado el espacio televisivo nacional, abusando de una serie de personas, instituciones e ideales, en pos de que, qué duda cabe, el vil dinero.
Me refiero al área dramática de Chilevisión, antaño fortaleza inamovible de la televisión con recursos exiguos y hoy nuevo rico que ostenta joyas al por mayor y con un gusto deleznable.
Las instituciones, ideas y personas que tan horriblemente combinadas se hallan en este menjunje intragable son (no necesariamente en este orden):
1.- Actores sin trabajo. Por momentos, se agrega algún rostro a la parrilla parafernálica de la televisión chilena, pero, por ahora, no ha sido más que un constante devenir de viejas glorias de las tablas que… Qué va, un montón de histriones que nunca se merecieron sacar el título siquiera y que sólo son comparables en su ineptitud actoral con Gonzalo Valenzuela o con la capacidad de dirigir una película decente de Nicolás López (esto no es gratuito, el hombrecito éste me ofende con sus aventuras fílmicas).
2.- Guionistas sin trabajo. ¿Por qué no le aprenden al Pink o a Gianfranco Rolleri? Esta gente pasó de hacer libretos humorísticos para Los Venegas y Morandé con Compañía a erguirse como El Gran Hombre tras el éxito de Kramer en Viña y el Bukowski chileno, respectivamente. Pero no, y no los culpo: el arriendo no se paga solo, el pasaje no parece tener cara de bajar en un futuro próximo y, cuando hay algún pololito fácil y que paga bien, ¿por qué no tomarlo, verdad?
3.- Dineros mal habidos. No tengo que entrar en detalles aquí, pero el negocio de las tarjetas de crédito no llegó a Chile sólo porque era infalible, sino porque alguien lo trajo y los amigos del alguien le ayudaron a armar un entramado que tiene a medio Chile por los cojones.
4.- Falta de competencia. Cuando alguien se toma en serio una idea para un programa de televisión contenida en Los Simpsons, y logra que los esfuerzos de un canal se dirijan hacia crear un reality show como 1810, entonces se le da permiso a cualquier zoperútano para que haga y deshaga con la que es la herramienta educacional más grande y mal aprovechada de la historia de la humanidad (así, con minúsculas…) Ya que estamos en eso, propongo la realización de La Jeringa Misteriosa y Atado a un Oso, o el Show de Rulo, con el Oso Rulo (podría ser el mismo oso para uno y otro programa).
5.- Audiencia deslavada y con ganas de tetas y culos. De otra manera, no se explica que Soledad Pérez (PRSD!) tenga que sacarse la blusa, vestido o camisón en cada puto capítulo de Historias de Campo, Historias de Mujeres, Historias de Soledad Pérez y otras sacrosantas boludeces que un canal de televisión abierta ni siquiera debería considerar incluir en su programación.
Bueno, basta digo yo, ¿no?
Con Adela Calderón al lado, compadre...
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